
Yoga
with
Pesarita

Hola!
Soy Patricia Villagra, profesora certificada de Anusara® Yoga, diplomada en Mindfulness y Cuencoterapeuta.
Si llegaste hasta acá es porque igual que yo, tu también estás en la búsqueda. Búsqueda de salud, de fuerza, de flexibilidad, de paz interior o de libertad.
Si sientes curiosidad por el yoga, si estás buscando reconectar contigo o simplemente necesitas una pausa en tu rutina… este es un buen lugar para comenzar.
No importa si nunca has hecho yoga.
No importa tu edad, tu cuerpo, tu flexibilidad o tu experiencia.
Aquí no se espera que llegues sabiendo, ni que puedas tocarte los pies.
Aquí solo se espera que llegues con ganas de volver a ti.
%205_02_45%E2%80%AFp_m_.png)

Mi historia
Llegué al yoga hace más de siete años.
La primera clase fue de Bikram, y para ser honesta… la odié.
Hacía calor, estaba húmedo, no entendía nada. Me sentí incómoda, abrumada y confundida. No sabía de qué se trataba esto del yoga, pero claramente, esa experiencia no fue para mí.
Un tiempo después, en una fiesta, conocí a una mujer que me dijo que estaba estudiando para ser instructora de yoga. Le conté mi experiencia frustrante, y me dio un consejo que se quedó conmigo para siempre:
“Debes probar otro tipo de yoga. Hay distintos caminos, porque todos somos distintos.”
Esa frase me abrió una puerta.
Durante la pandemia volví a intentarlo. Quería hacer algo distinto en medio del encierro. Un ex entrenador me recomendó una profesora y tomé clases por Zoom.
Tampoco me gustó. Intenté 4 veces, solo para comprobar que no conectaba con esa práctica. La encontraba aburrida, lejana, sin alma.
Pero soy porfiada.
Algo en mí me decía que el yoga tenía algo para mí… algo profundo. Me atraía su energía femenina y su sensualidad sutil.
Y más tarde, cuando inicié un camino de crecimiento personal, sentí que el yoga podía acompañarme.
Y no me equivoqué.
Después de muchas vueltas, me recomendaron una profesora que vino a darme clases en mi casa.
Ese día todo cambió.
No solo fue otro tipo de yoga —hicimos Vinyasa—, fue su energía, su presencia, su forma de guiar con amor.
Esa clase me encantó. Sentí que algo se acomodaba dentro de mí. Desde ese momento, no paré más.
Hoy soy profesora de Anusara Yoga, y no solo amo la práctica, sino todo lo que despierta en mí y en quienes acompaño.
¿Por qué te cuento esto?
Porque si no conectaste con el yoga en tu primera clase, no pasa nada.
Prueba con otro tipo, otra profesora, otro ritmo.
Somos energía. Y la energía se siente. No todos los espacios ni todas las personas nos van a hacer sentido.
Y eso también es parte del camino.
Yoga es comunidad, es presencia, es transformación.
Pero, sobre todo, el yoga enseña a reconocer lo sagrado en nosotros mismos y en el mundo, y desde ahí, fluir con lo que la vida nos presenta, cultivando fuerza, apertura y amor.
Nos recuerda que no se trata de lograr la postura más difícil, sino de habitar el proceso con amor.
Y ese aprendizaje… es exactamente como la vida.
